Los artistas y los intelectuales también son seres humanos: se decepcionan, se enojan y a veces se golpean. La historia del arte no es sólo una colección de obras memorables, también es un largo relato sobre riñas y desencuentros.
En AW Magazine te traemos tres pleitos legendarios entre escritores, cineastas y divas que dejaron huella en la memoria colectiva.

Vargas Llosa contra García Márquez: historia de un puñetazo
La amistad entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa comenzó por carta en 1966. El primero escribía desde México y el otro respondía desde París. Intercambiaron ideas e incluso acariciaron la idea de escribir una novela a cuatro manos. En agosto de 1967 se encontraron por primera vez. A partir de ese momento, se convirtieron en amigos muy cercanos.
Vargas Llosa incluso escribió un estudio sobre la obra de su amigo, García Márquez: historia de un deicidio. El lazo era estrecho, pero el clima político de la época pronto los pondría a prueba.
En 1971 estalló el llamado Caso Padilla en Cuba. La detención del poeta Heberto Padilla dividió a la comunidad intelectual. Un grupo de escritores firmó cartas abiertamente críticas hacia el gobierno de Fidel Castro. Vargas Llosa estuvo entre los más firmes. Sin embargo, la firma de García Márquez fue incluida sin que se le avisara antes. Desde ese momento, algo empezó a romperse entre ambos.
Y aquí viene el meollo del asunto: a mediados de los setenta, Vargas Llosa dejó a su esposa Patricia. Meses después, ella viajó a Barcelona y fue recibida por los García Márquez. Comenzó a circular el rumor de que Gabo se le insinuó, quizás en broma. Después de eso, Mario y Patricia se reconciliaron.
La parte brutal de la historia ocurrió el 12 de febrero de 1976, en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Se estrenaba un documental escrito por Vargas Llosa. Antes de la proyección, García Márquez se acercó a saludar. Vargas Llosa le soltó un puñetazo y aulló el nombre de su esposa. No volvieron a hablarse.

Buñuel contra Dalí: de la colaboración al amargo adiós
Luis Buñuel y Salvador Dalí fueron amigos desde muy jóvenes. Compartieron lecturas, anécdotas e irreverencia. Juntos configuraron Un chien andalou y trabajaron en las primeras etapas de L’Âge d’Or, las dos primeras películas que Buñuel dirigió.
Luego vinieron las diferencias. Buñuel no simpatizaba con Gala, la pareja de su amigo. Más grave todavía, al cineasta le molestaba la simpatía de Dalí por el franquismo.
El quiebre definitivo llegó en Nueva York. Buñuel ya se había ido de España, tenía trabajo en el Museo de Arte Moderno. Por aquellos días, Dalí publicó La vida secreta de Salvador Dalí y describió a Buñuel como un ateo. En el contexto estadounidense, la etiqueta resultó muy incómoda. Luego vino una publicación de un artículo en la revista Motion Pictures Herald. En él se recordaba el escándalo ocasionado por L’Âge d’Or. El clima se volvió demasiado tenso para Buñuel, que dejó su puesto en el museo.
Furioso, Buñuel citó a Dalí en un bar. Le dijo que era un cerdo y que por su culpa estaba en la calle. El pintor respondió con una frase que el otro nunca pudo olvidar: “He escrito ese libro para hacerme un pedestal a mí mismo, no para hacértelo a ti”.
Furioso, Buñuel citó a Dalí en un bar. Le dijo que era un cerdo y que por su culpa estaba en la calle. El pintor respondió con una frase que el otro nunca pudo olvidar: “He escrito ese libro para hacerme un pedestal a mí mismo, no para hacértelo a ti”.
Buñuel tenía ganas de golpearlo, pero se contuvo. Después de esa ocasión, sólo se vieron una vez más.
María Félix contra Carlos Fuentes: sobre la importancia del ego
En los años sesenta, Carlos Fuentes y María Félix eran amigos. Compartían cenas, se reían juntos. También frecuentaban a Dolores del Río. Era una bella amistad. Pero Fuentes tuvo la gran idea de escribir una obra teatral, Orquídeas a la luz de la luna, donde imaginaba a ambas divas envejecidas, pobres y olvidadas en Los Ángeles. Les propuso protagonizarla. Las dos rechazaron la idea y se enojaron.
La obra se estrenó en 1986. El público fue escaso y la puesta pasó sin gran ruido. En el escenario, las dos figuras se preguntaban si aún eran recordadas. Para Fuentes era un ejercicio teatral. Para ellas, el asunto significó una falta de respeto.
María Félix optó primero por el silencio. No comentó nada en el momento del estreno, pues no quería darle publicidad a la obra ni al propio Fuentes. Años después, en entrevista con Jacobo Zabludovsky, arremetió contra el escritor. Lo acusó de buscar el escándalo. María Félix se refirió a Carlos Fuentes como un “mujerujo”, y dijo con desprecio que él tenía corazón de mujer. El insulto de la diva fue abiertamente misógino.

Final
La cultura también se ha construido con desencuentros. Estas historias demuestran que en el corazón del pensamiento y la creatividad también hay núcleos de conflicto. La antesala de las peleas, por lo menos en estos casos, es la amistad. Detrás del genio hay seres humanos.
