Caminas por las calles de la Ciudad de México. Sí, llevas lentes oscuros, pero aun así los colores y dibujos de los carteles te deslumbran. Es imposible evadirlos. Finalmente, te entregas —resignado— a la sobresaturación y la estridencia.

Después de todo, el estridentismo fue una vanguardia fundamentalmente urbana que celebraba la modernidad de las grandes metrópolis, y sus manifiestos y obras gráficas iniciales se difundieron muy marcadamente en la vía pública.
Al igual que los carteles, tan vapuleados como reivindicados, estos anuncios coloridos y barrocos forman parte de la memoria histórica de la vida en la ciudad.
Hoy, rescatados de las calles, las fachadas y los puestos de banqueta, y llevados a las salas de la Galería José María Velasco, protagonizan la muestra Los rótulos no deben morir.
El rótulo como oficio, lenguaje y memoria urbana
La exposición temporal en la galería José María Velasco de la CDMX —abierta desde diciembre pasado y disponible hasta el 6 de abril de 2026— reúne aproximadamente un centenar de piezas que dan cuenta del rótulo como oficio, lenguaje visual y memoria urbana en México.
Los rótulos no deben morir rinde un tributo histórico a este lenguaje citadino mediante un recorrido por la gráfica urbana desde inicios del siglo XX hasta la producción contemporánea.
La muestra incluye fotografías de Paulina Lavista, Yolanda Andrade, Tina Modotti y otros fotógrafos y fotoperiodistas que documentaron gran parte de los anuncios de la Ciudad de México.
Los rótulos no deben morir: los artistas
Entre los otros fotógrafos que documentan los trabajos exhibidos figuran, además, nombres como Graciela Iturbide, los Hermanos Mayo, Nacho López y Mariana Yampolsky. El recorrido incluye obra rotulista realizada con técnicas que van del pincel al aerosol y el aerógrafo.
La exposición se divide en cinco núcleos: Los pulques, La fotografía, El barrio de Tepito, Los rótulos en Tepito y Los nuevos rotulistas.
Los rótulos no deben morir no deja indiferente a nadie. Los detractores de esta estética kitsch —alejada de los cánones tanto académicos como experimentales y más cercana a la cultura popular— encontrarán en la exposición simplemente una extensión de lo que puede verse en las calles de la capital mexicana.
“Normalmente el rótulo no se fotografía. Estas imágenes de los años treinta retratan esa gráfica y tipografía tan características de la época. Hay fotografías del barrio de Tepito, de algunos cines, de mercados y de todos estos espacios donde habitualmente se encuentra el rótulo, como las pulquerías, que fueron los primeros lugares en abrir sus puertas al rótulo y la publicidad”, aseguró Quetzalcóatl Molina, curador de la muestra, quien además calificó al rótulo como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México.

Por su parte, León Cornejo, director del Museo José María Velasco, aseguró que la exposición “nos recuerda la vitalidad de las prácticas artísticas que dialogan profundamente con la identidad, la memoria afectiva y el espacio público”.
La estética popular frente al orden visual institucional
Al final del día, las motivaciones de los artistas improvisados que confeccionan estos anuncios son, en su mayoría, informativas y ornamentales, orientadas a cumplir la función práctica de llamar la atención de los comensales y transeúntes, quienes se convierten en público involuntario de museos urbanos que nunca tuvieron la intención de serlo.
Por otro lado, están los defensores de la identidad gráfica urbana. Los colectivos de artistas que consideran que los rótulos constituyen una expresión artística sui géneris que debe ser conservada.
Incluso organizaciones de derechos culturales y la misma Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México han emitido recomendaciones para respetar estas expresiones culturales locales.

Durante décadas, los rótulos pintados a mano han sido un elemento inseparable del paisaje callejero de la Ciudad de México. Sin embargo, en 2022, la entonces titular de la alcaldía Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, ordenó eliminar los coloridos rótulos de los puestos callejeros, sustituyéndolos por pintura blanca uniforme y un logotipo institucional.
Ante las protestas generadas, en 2024 la nueva administración encabezada por Alessandra Rojo de la Vega revirtió la disposición y los rótulos regresaron al espacio público, reactivando una estética kitsch que había sido cuestionada por su supuesta contribución al desorden visual del paisaje urbano capitalino.
La importancia de Los rótulos no deben morir el mundo del arte
Con Los rótulos no deben morir, el mundo del arte institucionalizado reconoce la importancia dentro de la cultura popular, de los carteles y anuncios que pueblan la ciudad. Esto, más allá de apropiaciones hipsters o denostaciones reaccionarias, registra una realidad que no puede ser ignorada.

Al salir de la Galería José María Velasco, los lentes oscuros ya no protegen del deslumbramiento —o quizá ya no importa—. De vuelta en la calle, los colores, las tipografías imperfectas y los dibujos exagerados dejan de ser ruido para convertirse en memoria viva. Tal vez la sobresaturación no era el problema, sino nuestra incapacidad para percibirla como lo que es: una manera particular de habitar la ciudad.
