En las calles de Buenos Aires se erige el legendario Teatro Colón, un testigo icónico de la historia moderna argentina. Se trata de uno de los escenarios culturales y artísticos más importantes de América Latina y el mundo.
El Teatro Colón ha albergado la obra y la interpretación de artistas como Martha Argerich, Maria Callas y Luciano Pavarotti. Asimismo, ha atestiguado la historia de un país que ha sufrido la brutalidad militar de la tortura y la desaparición.
Para los interesados en realizar viajes culturales en territorio latinoamericano, el Teatro Colón es una visita que no pueden dejar de hacer.

El Teatro Colón: la modernización de Argentina
En realidad, la historia del Teatro Colón es el relato de dos edificios. El primero fue inaugurado en 1857, en la Plaza de Mayo. Era el mismo año en que Argentina inauguró las vías de su primera línea de ferrocarril. El teatro formaba parte del mismo circuito de modernización del país sudamericano. El recinto funcionó durante más de 30 años, fue cerrado en 1888 para la construcción de la nueva sede. El crecimiento de la ciudad hizo evidente la necesidad de una sala equiparable a las mejores y más bellas del mundo.
El Teatro Colón que conocemos hoy fue inaugurado el 25 de mayo de 1908. El financiamiento de su construcción provino de inversionistas privados y, en menor medida, del ayuntamiento de Buenos Aires. La primera obra que resonó en el Colón fue Aida, de Giuseppe Verdi, una ópera sobre amor y celos. El teatro se consolidó rápidamente como una de las mayores casas operísticas del mundo.

Durante sus primeros años, el recinto contrató a compañías extranjeras para realizar sus temporadas. En 1925 estableció sus cuerpos estables de coro, ballet y orquesta, así como sus propios talleres de producción. En la década de 1930, el teatro fue capaz de organizar temporadas autónomas financiadas por el gobierno de Buenos Aires.
A lo largo de más de 100 años de actividad, el recinto ha albergado el trabajo de los más altos representantes de la ópera, el ballet y la música sinfónica. Ha recibido la visita de compositores como Richard Strauss, Pietro Mascagni o Camille Saint-Saëns. Las voces de Enrico Caruso y otros grandes tenores han retumbado en sus muros. Directores como Herbert von Karajan o Arturo Toscanini han tocado en el escenario.
Por otro lado, el Teatro Colón ha visto los momentos más oscuros de la historia política argentina. Cinco dictaduras militares ocurrieron en ese país, frente a su fachada y sus muros.

El Teatro Colón: la arquitectura del futuro anterior
El Teatro Colón es uno de los recintos culturales más hermosos y colosales de América Latina. La sala principal tiene forma de herradura y cumple con las normas del teatro clásico francés e italiano de finales del siglo XIX. La planta cuenta con palcos que se elevan hasta el tercer nivel. La herradura tiene 32.65 metros de diámetro mayor, 29.25 de diámetro menor y 28 metros de altura.
El espacio cuenta con una capacidad de 2 mil 478 espectadores sentados y, además, alrededor de 500 personas pueden ver de pie los espectáculos. La cúpula es uno de los elementos más icónicos del inmueble. Cuenta con una dimensión de 318 metros cuadrados.

Originalmente poseía pinturas de Marcel Jambon, el mismo pintor y decorador francés que hizo el arte de la Ópera de París. Sin embargo, el deterioro obligó a que la pintura original fuera reemplazada en los años 60 por otro trabajo de Raúl Soldi, pintor y escenógrafo argentino. La obra de Soldi se encuentra expuesta también en los Museos Vaticanos.
El escenario es uno de los más grandes y complejos del mundo. Posee una leve inclinación que favorece la visibilidad de todas las áreas de la escena. El foso de orquesta cuenta con una capacidad de albergar a 120 músicos.
Ingresar al Teatro Colón significa, para el viajero, adentrarse en un lugar donde el tiempo no ha transcurrido. Nos encontramos, de pronto, en la Argentina del siglo XIX. ¿Qué fantasmas habitan entre esos muros y asientos?

El Teatro Colón: la arquitectura del futuro anterior
El Teatro Colón ha logrado sostenerse como un productor integral, posee cuerpos estables, talleres propios y una programación que destaca entre la de sus pares en América Latina y el globo entero.
El viajero que visite Buenos Aires debe hacer una parada obligatoria en este lugar. Después puede caminar por la Plaza Lavalle y seguir sumergiéndose en un espacio que invita a vivir una experiencia única entre historia, arquitectura y memoria.
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