¿Qué harías si recibieras por correo —sí, aún existen los carteros— una pieza de arte en un gran sobre lleno de iconografías e inscripciones heterogéneas, plegadas y ordenadas? El envío incluye instrucciones para su exhibición en el país correspondiente, por lo que parece que no tendrás otro remedio que cumplir con la misión (sí, asumiendo que seas galerista o pertenezcas a cierto círculo de arte, claro).

Pinturas aeropostales y globalización
Era el inicio de la década de los 80 del siglo pasado cuando el artista chileno Eugenio Dittborn comenzó a trabajar algo que él mismo acuñó como pinturas aeropostales. Muy original, e incluso para esa época sería completamente entrañable dada la inmersión tecnológica a la que estamos acostumbrados. Desde Sudamérica, el artista enviaba a destinatarios del mundo del arte de diferentes países sus sobres con pinturas y, de ese modo, creaba una interesante red preglobalización.
«Las pinturas aeropostales no tienen ciclos o tiempos que se cierran. Se están reciclando todo el tiempo, el tiempo», reconoció en una entrevista reciente Dittborn.
«Dibujos infantiles, caricaturas, imágenes de personas con problemas de salud mental, retratos hablados, fichas señaléticas de delincuentes y fotografías de pobladores originarios provenientes de un álbum etnográfico. Trozos de entretela recogen una imagen cosida como un parche sobre una herida». En eso consiste parte de la obra, relata el curador Justo Pastor Mellado.

Eugenio Dittborn. Historias del rostro
Ahora, a manera de celebración, gran parte del acervo del artista se presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires, la exposición Eugenio Dittborn. Historias del rostro, que es ni más ni menos que la primera muestra individual en Argentina de este importante símbolo del arte contemporáneo latinoamericano.
La curaduría corre a cargo del propio Justo Pastor Mellado, con la colaboración del Centro Cultural Matta de la Embajada de Chile en el país. Argentina es uno de los lugares donde el trabajo del artista ha sido bien reconocido, tanto que en 2002 recibió el prestigioso Premio Konex Mercosur como el mejor artista de la región de la década. Además, las obras de Dittborn forman parte de las colecciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y la Tate Modern de Londres, entre otras instituciones. En 2005, se hizo acreedor del Premio Nacional de Artes Plásticas en Chile, una de las distinciones más importantes que se entregan en las tierras de Pablo Neruda.
Dittborn: una historia más allá de los muros continentales
Pero la historia de Dittborn va más allá de su obra aeropostal. Tras estudiar artes plásticas en su país y especializarse en Madrid y Berlín en los años 60, regresa a Santiago de Chile y se une a la Escena de Avanzada, colectivo surgido en plena dictadura militar.
Al acervo clásico se suma la reciente producción: “Todas las caras del rostro”, realizada apenas en 2022, y muestra elocuente de que el artista no se ha conformado con vivir de las glorias del pasado y continúa creando piezas que suman historia a su colección.

“Dibujados sobre sudarios, estos rostros nos confrontan ‘cara a cara’, con sus cuencas vacías, mostrándonos con descaro sus dientes apretados, sus cráneos pelados o adornados con rizos, sus narices puntiagudas dispuestas sobre patrones de damero vistos en escorzo, combinando tramas que delatan la textura de la tela”, agrega Mellado en un comunicado sobre la nueva adición al trabajo de Eugenio Dittborn.
Una vida en el mundo del arte
Hoy, el artista chileno, aún en activo, celebra toda una vida en el mundo del arte con esta muestra que podrá visitarse hasta el 31 de mayo en la sala 33 del primer piso del museo, de martes a viernes, de 11 a 19.30 (último ingreso), y los sábados y domingos, de 10 a 19:30.

Disruptivo en su momento, el método —si es que podemos llamarlo así— del artista correspondía a una época donde el intercambio estaba limitado al servicio postal. Desde hace varias décadas, la llegada del e-mail, la mensajería instantánea y el streaming han redefinido la forma en que se comparte el arte. Sin embargo, para él es claro que las redes sociales contribuyen al aislamiento del artista e incrementan los clichés en el arte y otras disciplinas. Curiosamente, su compatriota Smiljan Radić —quien acaba de ganar el premio Pritzker— al igual que él, ha denostado las redes sociales en algún momento.
Claro que, si no estamos en Buenos Aires, podemos ver la obra a través de un monitor —solo no hay que decírselo—.
