Volti: 40 años de una trágica y creativa historia de la Nueva Ola Mexicana

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Volti la banda de synth pop, fue una de las promesas de la Nueva Ola Mexicana. El proyecto integrado por Lyndell Brookhouse-Gil y Eddie Rubello, lanzó un único disco en 1986. Cuatro décadas después, la cantante y artista nos cuenta su historia y su actual labor como artista plástica.

Las bandas de de música de los ochenta a veces simplemente tenían un hit pero su influencia llega hasta hoy.
Volti. Cortesía: Colección personal de fotos cortesía de la artista

Los años de Lyndell en Nueva York

“En Nueva York a principios de los años ochenta todo el mundo era o se sentía artista. Cualquiera era pintor, escultor o, al menos, estaba intentando producir algo”, recuerda Lyndell Brookhouse-Gil. La joven estadounidense vivía justo en el epicentro del arte independiente neoyorquino, en medio de una escena que estaba a punto de florecer y de convertir a muchos de sus integrantes —los que no se marchitaban prematuramente— en figuras reconocidas.

Lyndell había terminado su formación en el Instituto de Arte de Chicago y estudiado de forma independiente con el pintor tonalista Alexander Chidichimo, pero en aquella época, solo quería divertirse y trabajar en lo que le gustaba, la música.

“Jim Jarmusch formaba parte de mi grupo de amigos; Jean-Michel Basquiat vivía al lado de mi casa y por entonces era novio de una de mis mejores amigas. Lo criticamos mucho por su fijación por ser famoso. Solo hablaba de irse a vivir al SoHo para reunirse con la élite y conocer a los galeristas más importantes”, recuerda ella.

“Llegabas a su casa y su puerta estaba completamente intervenida con sus pinturas; era muy reservado y clavado en su personaje”, comenta Lyndell sobre Basquiat en aquellos años en plena década de la codicia —como se le suele llamar a ese periodo ochentero—.

El retrato de aquellos días se podía leer en publicaciones como The Face, I-D Magazine o Interview. “Veíamos a Andy Warhol en el restaurante The Odeon, adonde asistían muchos actores y el jet-set. Nosotros simplemente íbamos a comer pizza”. Por aquel entonces, Lyndell no imaginaba que su futuro a mediano plazo tendría lugar en México.

Las influencias de la escena artística de Nueva York influyeron notablmente en la Nueva Ola mexicana
Lyndell, la conexión México-NYC. Foto: Colección de fotos personal cortesía de la artista.

Un encuentro inesperado en el México de los años 80

Mientras se dedicaba al diseño gráfico, de forma inesperada, una coincidencia la marcó de por vida. Tras compartir un taxi con un empresario mexicano, este la invitó a mudarse al entonces Distrito Federal para trabajar en publicidad.

“No sé ahora, pero en 1982 las agencias mexicanas estaban llenas de personas muy normales y aburridas con las que no congeniaba. Me la pasaba bastante mal en aquella oficina”, cuenta.

Una noche al regresar del trabajo, otro encuentro rompió su monotonía: “Vivía en San José Insurgentes, y al pasar frente a un Vips, vi sentados a unos cuatro o cinco tipos con look punk, fumando y tomando Coca-Cola. Yo iba vestida muy fresa, como los oficinistas con los que trabajaba, pero aun así me acerqué y les pregunté —en inglés— si venían de Nueva York. Me respondieron con bastante indiferencia que no, que eran mexicanos”.

La vanguardia mexicana en los 80

Entre los miembros de ese pequeño grupo —que no tenía nada que ver con los anarquistas de la periferia sino más bien con hijos de diplomáticos o artistas con acceso a la vida cultural, los discos de vanguardia y los libros importados— se encontraba el músico Eddie Rubello. Después de despedirse de ellos, Lyndell regresó al departamento, un tanto molesta por el desaire.

La curiosidad la llevó a regresar de nuevo al restaurante, convencida de que con ellos podría establecer la conexión que no encontraba con sus compañeros de trabajo. Aquel día, todos terminaron juntos en una fiesta en una casa semiabandonada en las inmediaciones del aeropuerto.

Los lugares y momentos de la nueva ola en México

Aquel espacio, lleno de artistas locales, mucho delineador negro y cuidadas crestas al estilo mohawk, era uno de los rincones donde se gestaba la Nueva Ola Mexicana, una especie de tropicalización no tan definida de la Movida Madrileña, con música, arte y performance de por medio. “¡Cómo es posible que esto estuviera sucediendo en México, y que yo apenas lo descubriera?”, recuerda Lyndell.

Durante los años siguientes ese nuevo movimiento oscilaría entre lo subterráneo de foros culturales o bares como El 9, el Tutti Frutti o el LUCC —La Última Carcajada de la Cumbacha— y los intentos de acercarse al mainstream para promocionarse en los escasos espacios juveniles de Televisa.

El punk, surgido en Inglaterra en 1977 y exportado a gran parte del resto del mundo más bien como un fenómeno contracultural de música, moda, arte y activismo, había llegado a México ya un poco diluido en lo que vino a llamarse la Nueva Ola, donde lo mismo cabían performance, pop y experimentación musical con los entonces novedosos sintetizadores.

Volti en foto promocional.
Volti. Foto: Colección de fotos personal cortesía de la artista.

En ese tiempo y universo coincidieron personajes que después se convertirían en referentes de la música y el arte en México. Ulalume Zavala —quien después sería la cantante del grupo Casino Shanghai—, Walter Schmidt o Carlos Robledo —integrantes de Size, considerado el primer grupo de post-punk azteca—. “Era un país totalmente distinto. En el mercado de San Ángel solo se podían comprar flores. La colonia Roma era un paisaje de casas casi en ruinas y las rentas eran increíblemente baratas”, recuerda Lyndell.

De México a Nueva York: una sensación de peligro constante

Nueva York no era un paraíso. El barrio que había dejado Lyndell ahora se repartía entre yonkis, edificios derruidos y una sensación de peligro constante. México se había convertido en su refugio. Sin embargo, su aburrida y monótona estabilidad duró poco.

La agencia de publicidad enfrentó problemas financieros, durante aquellos años en los que poco antes, el presidente López Portillo había devaluado el peso —al mismo que había jurado “defender como un perro” antes de llorar en pleno informe de gobierno—.

Volti: De México a Nueva York

Tuvo que regresar a Estados Unidos. Pero esta vez no lo hizo sola: Eddie Rubello, el punk que había conocido aquella noche, se había convertido en su inseparable, y la acompañó a la que entonces era una deslucida y algo agusanada Gran Manzana.

​​“Desde que llegamos a Nueva York ya pensábamos en cómo hacer música con sintetizadores y retomar lo que ya habíamos empezado en México. Más tarde fuimos de los primeros en intentar hacer electrónica latina”, comenta. Para entonces, la filosofía del do it yourself ya la había contagiado.

Eddie, también conocido como Pepe Guadalajara, se llevó el nombre de una banda que había formado en México junto a algunos personajes insignes de la escena como el músico y publicista Mateo Lafontaine y Mariano Petit: Volti. “Hacíamos música con pura imaginación, con los teclados que pudimos comprar y unos secuenciadores de batería, que era la tecnología más nueva que se podía encontrar.”

Hacer el arte por el arte: Volti y “Corazón”, su canción más icónica

“Hacíamos arte sin social media, sin Instagram: We made art for art’s sake. Volti tocó una noche en el mismo evento con Madonna en el club Danceteria, pero pensábamos que era basura, que era muy comercial. Seis meses después se hizo grande; también salíamos de fiesta con Lydia Lunch, la reina del No Wave, que hoy sigue vigente”, recuerda, “Era una época de arte completamente libre de condiciones económicas, un momento muy especial que ahora no veo en ningún lado.

Me recordaba a los tiempos en París cuando los pintores convivían en los cafés, discutiendo sobre su obra y viviendo el momento sin pensar en la fama”.

Durante su breve historia, Volti logró grabar canciones importantes para la música electrónica méxicoamericana. Por ejemplo, “Corazón”, sencillo en español que estaba influenciado tanto por el synth-pop inglés y el funk electrónico como por la salsa neoyorquina y hasta por los entonces emergentes Miami Sound Machine con su sonido de pop latino.

El single que contenía dicha canción fue publicado en 1986 por el sello belga Crammed Discs. Contaba con una gran portada con un grabado de calaveras del ilustrador mexicano José Guadalupe Posada, creador de la Calavera Garbancera. Aquella a quien Diego Rivera convirtió en la famosa Catrina. “Lo primero que intentamos fue triunfar en España porque para Nueva York Volti era muy nice, muy alegre, y la ciudad era más oscura entonces.

En Europa había muchos grupos que comenzaban a surgir bajo la etiqueta New Romantic y congeniamos mucho con ellos. En Bélgica, un productor llamado Marc Hollander nos reconoció durante una visita a Nueva York y le gustaron las propagandas que hice con spray en las calles; él nos contrató para grabar el disco”.

Volti: del culto a la tragedia

A México llegaban las noticias de que Volti se estaba haciendo popular en Europa. Y aunque el grupo sí se presentó en el Distrito Federal en algún momento —y fueron abucheados porque el público no entendía cómo llevaban sintetizadores y baterías pregrabadas—, su nombre, que aparecía en las revistas mexicanas de la época que registraban sus andanzas, se convirtió en sinónimo de banda de culto. 

Sobre todo por lo que sucedió después, recuerda. “Decidió quedarse en Bélgica”. 

«Nunca tuve problemas con las drogas. No me gustaban y comprendí que si me clavaba en eso, me iba a morir. Pero a Eddie le gustaba demasiado la heroína».

Triste, Lyndell regresó a Nueva York. El retorno de Eddie se postergó y perdieron toda la comunicación. En 1987, la cantante recibió una carta de la compañía discográfica de Bélgica. Era el día de su cumpleaños y pensó que se trataba de una tarjeta de felicitación. La misiva, sin embargo, explicaba que el músico había fallecido por una complicación cardiaca muy probablemente causada por una sobredosis.

Cuarenta años después de Volti

Con la muerte de Eddie se cerró un efímero episodio de la música alternativa con raíces en México. Volti no regresó jamás y Lyndell se dedicó a pintar y dibujar desde entonces. Nunca volvió a hacer música. Tiene dos hijos: Arianna Gil —artista y fundadora del colectivo Brujas— y Orlando Gil —productor/director de cine— , viajó mucho y desde hace varios años radica en Oaxaca de Juárez, México, donde suele presentar sus trabajos pictóricos. Ha tenido algunas residencias en Los Ángeles, varias exposiciones colectivas y en solitario, y también realiza trabajos por encargo.

Su obra apela a los ‘momentos en el tiempo’ y está plagada de referencias mexicanas, urbanas y de la cultura oaxaqueña. No hay guiños evidentes a su pasado, con excepción de algunos cuadros de diners californianos. ¿Tal vez un homenaje a aquella noche en que conoció a Eddie en un Vips?

Lyndell de Volti actualmente.
Lyndell Brookhouse-Gil en 2025 en el mismo jardín frente al que se tomó las fotos con Volti en los 80. Foto: Alice Plati. Cortesía.

Su próxima exposición, Retrato como Resistencia de Archivo de la Memoria Comunitaria, se llevará a cabo el 27 de febrero de 2026 en Naima Club, un espacio en el Centro Histórico de Oaxaca. “He vivido en México intermitentemente durante más de 40 años; las personas en estas pinturas representan a quienes me han ayudado a crear una sensación única de lugar.

Esta muestra celebra y eleva a personas que históricamente podrían no haber sido retratadas”, asegura al respecto.“Creo en vivir plenamente, abrazar el cambio y fomentar conexiones significativas con los demás”, finaliza casi dogmáticamente.

Sus trabajos de ayer y hoy se pueden encontrar en lbgpaintings.com

El único disco de Volti

El primer y único disco de Volti se reeditó en un vinilo remasterizado en 2017, y el sencillo “Corazón” fue incluido en el álbum Back Up: Mexican Tecno Pop 1980​-​1989, editado por el sello Dark Entries en 2021. ¿Por qué estas historias siempre terminan siendo de culto? Porque nacen en el lugar equivocado para triunfar y en el lugar exacto para volverse mito: quizás son demasiado raras para el mercado, demasiado vivas para desaparecer. Al final, la historia de Volti y el viaje de Lyndell son el relato de algo que no pudo ser, pero que cambió todo para quienes lo vivieron.

Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla
Alejandro Mancilla/ Jefe de Redacción. Ha escrito en Vanity Fair, GQ, Travesías, Vice, AD Architectural Digest, Marvin, Vogue, Nexos y Playboy, entre otros; fue editor en Círculo Mixup y Televisa; es autor del libro de ensayos [de]generación de cristal. Es fan de los Cocteau Twins y cuando no escribe, es DJ y productor. No le gusta el karaoke.

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