¿Arte colombiano? Seguro lo has escuchado en algún lado, pero quizás no sea un término que nuestro entrevistado valide del todo. “Es difícil —y puede parecer un contrasentido—, pero no me siento cómodo hablando de arte colombiano; en cambio, sí reconozco la necesidad de darle sentido, de revisar y proyectar lo que se produce en un lugar”.

Proyecto Bachué y el pensamiento crítico
Así de determinante es José Darío Gutiérrez, fundador de Proyecto Bachué, una icónica plataforma de gestión centrada en las artes visuales cuyo objetivo es «aportar a la formación de una ciudadanía con pensamiento crítico» —apunta su manifiesto— , desde los años ochenta hasta hoy. Y en Colombia, eso no ha sido fácil.
El proyecto impulsa prácticas contemporáneas de creación, investigación y curaduría que, conectadas con sus raíces, promueven una revisión de las expresiones modernas. Gutiérrez, fundador del proyecto —junto a María Victoria Turbay, quien además es su esposa—, conversó con nosotros al respecto desde su hogar en Colombia.
«El proyecto empieza siendo una colección muy enfocada en esa época que podríamos llamar moderna, pero que, a medida que avanza, necesariamente se abre, porque se va encontrando que buscar una condición de arte colombiano es una búsqueda fallida o, por lo menos, viciosa» – José Darío Gutiérrez
Viajemos entonces a esa década del siglo pasado, cuando José Darío Gutiérrez, persistente coleccionista colombiano, percibía una presión injustificada en la construcción de un imaginario cultural. Todo comenzó como esas iniciativas que perduran, surgidas de una preocupación personal genuina: revisar los procesos del arte en Colombia. “¿Quiénes somos?, ¿de qué estamos hechos?, ¿dónde están nuestras raíces?”: esas fueron las preguntas que guiaron al coleccionista en la construcción de ese ideal.

Antioquia en el mapa del arte
Según explica, esto se relaciona con su origen y sus primeros años en Medellín. Gutiérrez señala que Antioquia es una región profundamente orgullosa de su capacidad para construirse en medio de la adversidad, ya que durante la colonia no contaba con grandes riquezas: no tenía tierras fácilmente cultivables ni aptas para una explotación agropecuaria sencilla.
“Antioquia es una región que se formó alrededor de la minería del oro, lo que implicaba un trabajo exigente y recursos limitados. Su geografía montañosa dificultaba la comunicación con los centros de poder; sin embargo, lejos de ser un obstáculo, esto se transformó en una oportunidad para un desarrollo endógeno, dando lugar a una sociedad construida desde lo esencial.
Ese fue también mi proceso, mi condición —podríamos decir— como coleccionista: alguien interesado en reunir obras para construir una historia, una narrativa o incluso una contranarrativa”, relata.
Nacionalismo y el arte de Colombia
Sin embargo, pese a las implicaciones locales, de raíz y de una narrativa nacional, el nacionalismo tampoco es una categoría válida para él, incluso despojada —claro está— de sus connotaciones políticas. “La etiqueta se descalifica en sí misma. Cualquier definición que imponga condiciones a la creación artística termina por invalidarla. Las expresiones nacionalistas, en general, son viciosas: surgen en contraposición a ciertas situaciones, pero conservan un carácter absolutista. Por eso contradicen el sentido del arte como un ámbito que abre posibilidades”, zanja.

Gutiérrez explica que el arte en su país ha estado históricamente marcado por momentos específicos, como la violencia, que durante décadas definió gran parte de su proyección internacional, con artistas como la Artista visual y escultora Doris Salcedo o la recientemente fallecida artista del pop art Beatriz González.
Sin embargo, señala que esto está cambiando gracias a una mejor formación artística e histórica, lo que ha ampliado los temas y preocupaciones de los artistas contemporáneos. Hoy, el arte de origen colombiano ya no gira exclusivamente en torno a la violencia, sino que responde de manera más diversa a distintas problemáticas.
El coleccionismo multivectorial en Proyecto Bachué
Sobre su enfoque como coleccionista, se define como “multivectorial”, entendiendo que todo coleccionista responde a múltiples intereses, medios y cruces dentro de su colección, donde incluso elementos que parecen no encajar terminan integrándose en un proceso coherente. A través de Editorial La Bachué, el espacio desarrolla publicaciones orientadas a fortalecer un patrimonio cultural reflexivo sobre nuestra identidad actual y local, contribuyendo a afirmar una perspectiva propia del contexto meridional.
Un principio esencial del coleccionismo
Lo que más le atraía al coleccionar era el arte abstracto, especialmente el geométrico: su limpieza y su capacidad de generar una atracción estética inmediata, incluso emotiva. En contraste, el arte colombiano de la primera mitad del siglo XX no alcanza la misma fuerza expresiva; permanece condicionado por estéticas académicas y referentes internacionales —en particular México—. En esos años, los artistas dejan de mirar a París y vuelcan su atención hacia lo mexicano, atraídos por afinidades temáticas y por el impacto del muralismo en medio de la construcción de un ideal nacional.
Hubo también una etapa de acumulación casi desmedida. Sin embargo, con la consolidación y visibilidad de Proyecto Bachué —y el interés que ha despertado en instituciones—, en los últimos años se ha permitido la circulación de algunas piezas hacia colecciones públicas. Esto implica aceptar los vacíos, tanto emocionales como materiales, que deja su salida, pero responde a un principio esencial del coleccionismo: contribuir a la revisión y comprensión de los procesos del arte.
Espacio El Dorado: Pasado y presente
Espacio El Dorado, por su parte, surge como una derivación del proyecto, a partir de una reflexión compartida entre José Darío y su hija Valentina. Ella —nos confiesa él— le cuestiona que su trabajo está centrado en el pasado y no en el presente del arte, algo que él mismo reconoce como válido. Sin embargo, decide no involucrarse directamente con artistas jóvenes o vivos, pues sí, se siente más cómodo trabajando con el pasado.

Por ello, impulsa a Valentina a asumir ese campo, dando origen a la galería como una apuesta ambiciosa por el arte contemporáneo, guiada por una aspiración profundamente humana —aunque, quizá, difícil de alcanzar.
Al final del día, lo que propone Proyecto Bachué no es solo una colección ni una narrativa sobre el arte en Colombia, sino una postura persistente frente a cualquier intento de definirlo. En un contexto obsesionado con las etiquetas, su planteamiento insiste en abrir la conversación, mirar al pasado y tensionar el presente sin cerrarlo del todo. Quizás ahí —en esa resistencia a fijar el significado— es donde el arte, y también el que se produce en Colombia, encuentra una forma más libre —y más incómoda— de existir.
