Visitamos el estudio de Jose Dávila durante la pasada Semana del Arte en Guadalajara y, en medio del vaivén de su open studio, conversamos con este artista contemporáneo de formación arquitectónica.

¿Catarsis? Sin duda, es una de las razones por las que muchos artistas, a lo largo de la historia han decidido dedicarse a esto. En el caso de Jose Dávila, el artista tapatío que explora balance, estabilidad, forma y percepción visual, el escapismo no es necesariamente el motor principal.
Jose Dávila y la arquitectura que dialoga con el arte contemporáneo
Nacido en Guadalajara en 1974, Jose Dávila es un artista multidisciplinario cuya práctica se ha desarrollado principalmente en la escultura, aunque también suele trabajar con medios bidimensionales como la pintura, el dibujo y el diseño gráfico. De formación arquitectónica —estudió en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO)—, el artista se autodefine como un creador autodidacta que dialoga de forma permanente con la historia del arte y con figuras clave del modernismo y el minimalismo como Donald Judd, Sol LeWitt, Roy Lichtenstein y Jannis Kounellis.

“Lo catártico no es siempre lo que me mueve, pero sí hay piezas que me llevan a cuestionarme cosas totalmente personales o íntimas. A veces son juegos muy puntuales; otras, sí te calan en mayor o menor medida. Y en ocasiones son simplemente ejercicios gráficos”, explica.
La trayectoria de Dávila es extensa y diversa. Su obra —atravesada por la tensión y el equilibrio en un sentido literal y conceptual— se despliega sobre todo en esculturas e instalaciones que desafían la percepción.
El equilibrio en la obra de Jose Dávila
¿La presión influye en la obra y podría ser otro de los detonantes —o inhibidores— de la creación? “Yo creo que de alguna manera la presión siempre se siente. Pienso que, en mi caso en particular, me presiono mucho, independientemente de lo que logre, porque mi principal crítico y mi principal presión soy yo mismo”, confiesa.

El equilibrio, palabra recurrente en su producción, funciona también como eje de su obra: “Todos estamos intentando encontrar nuestro punto de equilibrio”, cuenta tras atender a algunos visitantes. “Me interesa trabajar con la narrativa ficcional del equilibrio para recordarnos que la fuerza de gravedad es un elemento primordial del quehacer escultórico”.
En sus piezas, materiales y estructuras parecen desafiar las leyes físicas —al menos en apariencia—, generando una sensación de inestabilidad controlada. Sin embargo, Dávila suaviza la idea de peligro.
«Más que riesgo, estas esculturas ofrecen confianza. Tienes que confiar entre lo que conoces y entre lo que ves. Las piezas están resueltas; lo que existe es una ficción de equilibrio precario que me interesa explorar»— Jose Dávila
Y al mencionar otros términos presentes en sus piezas, como la correlación entre riesgo y seguridad, nos remite a su formación arquitectónica: ¿es su historia como arquitecto un elemento decisivo en sus procesos creativos? “Para mí fue muy importante estudiar arquitectura. Es claro que eso resonó conmigo en varios temas que me he traído al mundo de la escultura, que quizás son preocupaciones que parecen técnicas, como cierto equilibrio estructural, pero que son preocupaciones humanas”, asegura.
Su 2026 se perfila como un año importante. Además de trabajar en una nueva serie escultórica, en abril presentará una obra inédita en un lugar por revelarse.

A ello se suma un encargo escultórico de gran escala por revelarse. No obstante su creciente proyección internacional, Jose Dávila es claro con la importancia de mirar hacia dentro. Eventos como la Semana del Arte en Guadalajara, señala, han transformado la escena local: “Comenzó como una iniciativa pequeña y con los años fue creciendo. Hoy el nivel de exposición internacional le da un peso distinto. Es motivante mostrar lo que hace este estudio ante públicos de muchos lugares. Eso marca la diferencia”.
Lo dejamos ir, tiene que atender a los invitados y coleccionistas. Mientras, nos seguimos sorprendiendo con sus piezas que desafían las leyes de la física y nos convencen de que la arquitectura y la escultura conforman un brillante engranaje. “Este trabajo parte del simple acto de posicionar dos elementos distintos juntos, que para mí es el acto escultórico por excelencia. Juntar dos objetos y hacer que dialoguen genera contenido por sí mismo”, me dice antes de despedirse para atender a los coleccionistas.
