Alejandro Almanza lo reconoce: está justo en una etapa difícil en la vida de un artista, la “mid-career”. Se nota emocionado y esa presión, en teoría inevitable, no se percibe.
Mientras recorre la galería en la que expuso durante la pasada Semana del Arte en Guadalajara, atiende a los visitantes y explica con pasión cada detalle de su obra. Lo abordamos al final de la jornada, cuando el flujo de visitantes ha cesado.

Horas después, en el estudio, el ambiente es otro. Sin el bullicio ni las cámaras, la atmósfera cambia. Incluso las obras se ven distintas en ese silencio. Alejandro destapa una cerveza mientras revisa unos papeles con nombres y datos.
“Creo que el mundo vive una etapa interesante en la que se reconoce a los artistas emergentes, pero lo difícil es para los creadores de mi generación: nuestra obra vale más y hay menos inversión”, me dice. Eso sí, reconoce: “Sí, soy un privilegiado, vivo del arte y mi esposa —la artista Reiko Hamano— y yo tenemos un estudio muy lindo. La verdad, es un privilegio poder trabajar en esto”.

Vivió y desarrolló parte de su carrera en Estados Unidos, hasta que en algún momento México lo llamó. “Cuando ves que la ciudad es más grande que tú, que te absorbe social y económicamente y que ya no hay espacio, decides regresar. Aquí se pueden hacer cosas más allá de las reglas de los países desarrollados”.
México vs. el extranjero: libertad y reglas
“Pregúntale a un arquitecto norteamericano: muchos están interesados en hacer obra en México porque somos más atrevidos. Las reglas allá son muy estrictas —y no digo que seamos irresponsables—, pero aquí podemos ir más allá. Ser mexicano es un gran asset en el mundo”.
Almanza toca un punto sensible con la precisión de un arquero olímpico: muchas veces se cree que hay cierta represión artística en México, o que en Europa o Estados Unidos son más disruptivos. Y no: aquí también se puede hacer, y de muy buena manera.

“Claro, la sociedad o el contexto a veces pueden opacarte, pero por eso es muy importante para un artista viajar y salir. Eso te abre posibilidades, te permite ver cómo piensa la gente más allá de tu país. A mí me ha servido mucho», afirma.
«Me gusta la inventiva mexicana, esa lógica de la obra negra: si algo se está cayendo, le ponemos un alambre y lo arreglamos. Pero lo estás resolviendo para hoy, no para el futuro; mañana se va a caer. Pensar en eso también es importante”.
Materiales, riesgo y percepción
La relación con los materiales es esencial en su trabajo. Como escultor y artista plástico, Almanza ha desarrollado un vínculo íntimo con los objetos. “Uso fuerzas, uso gravedad. Entonces tienes que saber: cuánto pesa esto, qué tan fuerte es, cuánto soporta”, explica. “Si pongo esta cerveza de lata cerca de la mesa, no hay peligro. Pero si pongo un vaso de Baccarat, todo cambia”.
Para Almanza, el valor material modifica la percepción del riesgo y, con ello, la lectura de cada pieza. Esa tensión atraviesa su obra: busca provocar,pero no despliega sus intenciones de forma directa. “Es difícil reconocerlo”, admite, antes de lanzar una comparación ¿Por qué vas a ver a los toros? Porque quieres ver peligro. Al final, quieres ver que pase algo”.

Ese flirteo con el peligro quizás se debe al tiempo que vivió en Ciudad Juárez, Chihuahua. “Era la ciudad más peligrosa de ese entonces en Latinoamérica”, recuerda.“Cruzar la ciudad implicaba estar alerta: caminar, ir a la universidad, moverse con la sensación constante de riesgo. Me empezó a interesar la percepción del peligro entre países, sociedades y culturas”, explica. La comparación era inevitable: mientras en un taller de soldadura todo exige protocolos estrictos de seguridad, en Juárez podía ver a un herrero trabajando con una caguama como visor protector. “Eso me impactó muchísimo”, afirma.
«El morbo más fuerte está en lo peligroso, en lo que está a punto de fallar. Eso siempre me ha interesado»— Alejandro Almanza
Desde entonces, la relación entre riesgo, peligro y seguridad no solo lo acompaña: se convirtió en una de las tensiones base de su obra.
Pero…¿qué pasaría si sus piezas vinieran con instrucciones de seguridad? Almanza reflexiona mientras da otro sorbo a su bebida: “Es interesante, porque la percepción del peligro cambia con la edad”, dice. En la infancia, explica, prácticamente no existe. En la adolescencia, en cambio, se transforma en impulso: una búsqueda constante de riesgo.
Su propia obra no ha sido ajena a los cambios de la edad, después de todo, estamos en el capítulo de la mid-career de la historia de su vida como artista: “Cuando era mucho más joven, mis piezas eran realmente peligrosas. No me importaba el riesgo”, admite. Con el tiempo, su concepto se ha sofisticado. “Pero no se trata de eliminar el peligro”, advierte, “sino de controlarlo sin traicionar la experiencia”
Controlar el riesgo sin eliminarlo
En piezas como sus bloques de concreto sostenidos sobre focos, esa lógica se hace tangible: “Podría ponerle espuma o algún refuerzo interno, pero no se trata de eso”, dice. Lo importante es que el espectador sienta el riesgo, aunque esté cuidadosamente contenido.
Entre las piezas de la exposición que nos rodea, hay una llamada Horror vacui que a mi maestro de pintura en la preparatoria de la guardia clásica le daría un ataque de indignación verla. La pintura fue intervenida totalmente con bloques de cemento encima. “Y qué bueno que lo ves. Para mí, siendo escultor, le tengo una envidia brutal a los pintores”, me dice ante la observación. “Creo que los pintores son muy privilegiados de poder hacer cosas alucinantes con tan poco material, con tan poco espacio”, finaliza.

Alejandro Almanza Pereda (Ciudad de México, 1977) es un artista multidisciplinario que trabaja entre la escultura, la fotografía, el video y la instalación, explorando los vínculos afectivos que establecemos con los objetos. Sus obras, muchas veces al borde del colapso, tensionan tanto lo físico como lo emocional, cuestionando la percepción del riesgo, el valor y el equilibrio.
Ha expuesto en espacios como el Museo Experimental El Eco, el San Francisco Art Institute, Fundación Magnolia en Londres y Art in General en Nueva York, y su trabajo forma parte de colecciones como ASU Art Museum, KADIST, Colección Jumex y el Museo de Arte de Lima. También ha recibido apoyos de la Harpo Foundation y la Fundación Cisneros Fontanals, y participa en el proyecto musical La Rubia te Besa.
Sobre sus exposiciones próximas y su actualidad, visita https://www.alejandroalmanzapereda.com/
Y para más entrevistas sobre arte contemporáneo, navega en AW Magazine
